Aquí un relato sobre este lugar dedicado por tantas décadas albergar cientos de mujeres que prestaron servicio sexual, más bien dicho ejercieron el oficio más antiguo. Siendo en su mayoría personas de escasos recursos, que encontraron entre las paredes de “la zona de tolerancia” de nuestro municipio una forma para subsistir y muchas veces para sacar adelante a sus familias, hijos pequeños, padres enfermos. Un oficio mal visto por gran parte de la sociedad y algunos pensamos que es un mal necesario que trae beneficio económico a quien ejerce y a su vez un modo de vida complicado se etigmatiza, se rechaza y se discrimina.
Me di a la tarea de buscar a alguien con experiencia en el tema, y corrí con suerte de encontrar a una linda persona que me narró su breve paso por la Zona de Tolerancia «Zona Roja» Por razones obvias vamos a omitir su verdadero nombre; Solo le llamaremos: Maria N. “La Copitas” narra de viva voz como llego a trabajar por un tiempo en la “zona” Cuenta que quedó huérfana a la corta edad de 3 años, quedando al cuidado de su padre de oficio carpintero, de su hermana de 12 años, y de un hermano un poco mayor que tenía como característica distintiva de ser homosexual, situación muy marcada y estigmatizada particularmente en siglo XX.
A quien tuvo como figura materna, era su hermana mayor que le brindó los cuidados primarios para sobrevivir.
Su hermana al ser una niña también, solo un poco mayor, pero viéndose igualmente huérfana de madre y carente de un entorno familiar sano y adecuado le brindó lo básico en cuidados, con un esfuerzo sobrehumano, apoyada de su hermano mayor, siendo el padre de ellos responsable únicamente de la parte económica para brindarles un techo y comida.
Desde niña Maria N. cuenta que vivió la carencia de una familia normal por a así decirlo, y fue víctima del abandono en el sentido emocional, que requieren los infantes para crecer de forma plena, nos describe que su padre a una corta edad la puso a vender fruta en la calle literalmente, y ella le gustaba porque convive con las personas de la comunidad, entre ellas señoras a las que les causaba ternura, le invitaban qué comer y hasta un lugar donde dormir, siendo incontables las veces que no llegó a pasar la noche en su hogar, y pasaba sus horas interminables de juego en casa de las vecinas donde jamás llegaba nadie a buscarla o preocuparse por ella.
Constatando que toda su niñez la vivió literalmente en la calle, y otras más ayudando en la carpintería de su padre, hasta que llegó a la adolescencia 12 a lo mucho 13 años, e hizo un lazo de amistad importante con un muchacho homosexual, que conoció por medio de su hermano, que padecía sus mismas condiciones ambos deambulaban por el pueblo, llevando a cabo actividades y labores manuales, en apoyo a sus vecinas como ayudarles a limpiar sus viviendas, a cambio de comida, techo y buenos tratos.
Exclama que era muy amiguera y tenía una vecina de su misma edad con la que creció, su madre tenía confianza de darle permiso de acompañarla desde que era una niña pequeña hacer sus ventas, y a los 14 años su gusto era andar en todos los bailes con ella, ambas eran cómplices de aventuras, les llamaba la atención el disfrutar la vida plenamente, el significado de esto para ellas en forma tan particular era asistir a las fiestas de los pueblos, bailar, tomar alcohol, la algarabía, bullicio de la gente y la música.
Pero los hombres mayores con los que tenían que codearse al verlas en la flor de su juventud les facilitaban materiales con cierto valor monetario, cómo bicicletas para que salieran a pasear, regalándoles ropa, o demás cosas atractivas para las niñas de su edad, no puntualiza si ella y su amiga, ofrecían o pagaban estos favores a esos señores, con algún acto lascivo y sexual hasta ese punto de su corta vida aún.
Puntualiza que quien la invitó a trabajar en la “zona” fue una señora originaria de “llanitos” que se dedicaba al sexo servicio, ya que la vio que era una muchacha que le gustaba en ambiente y no tenía ningún compromiso.
Su hermano gay, fue una persona muy importante, ya que era bueno para el oficio de la belleza y la ayudaba a resaltar sus atributos, ya sobresalientes de por sí, por ser tan jovencita.
Nuestra entrevistada difiere un poco de las opiniones de algunos lugareños que la conocen de toda una vida, donde argumentan que se dedicó desde muy joven a ejercer la prostitución en todo su esplendor.
Ella manifiesta que solo duró unos pocos meses laborando en un establecimiento de la zona de tolerancia, donde dedicaba su tiempo a fichar y no era obligada a realizar los servicios sexuales ya que la dueña del lugar le tenía un cariño especial, así que su trabajo consistía en acompañar e incentivar a los clientes a consumir la mayor cantidad de alcohol posible, siendo las bebidas que ella consumía a un costo mucho mayor, del precio normal, siendo la ganancia que ella generaba para la patrona del establecimiento, ya que estaba cobrando la compañía que ofrecía ella como fichera.
Su testimonio indica que en esos tiempos ella elegía con quien tener relaciones sexuales, de entre sus clientes con los que consumía alcohol.
Ya que tomar alcohol era una práctica muy agradable para sí misma, como lo era asistir a este lugar a escuchar la música de los grupos en vivo que amenizaban las noches, en especial las melodías de los mariachis.
Como podemos darnos cuenta a este punto la persona involucrada en este estilo de existencia por ser tan joven no medía las consecuencias de sus actos, no tenía un temor espiritual o había una conciencia que le indicara que algo de esta actividad era incorrecto, sino que un señor mayor que era su cliente frecuente quedó prendado de su juventud y belleza, y la invitó a salir y dejar su trabajo de ese lugar, comprometiéndose a pasarle una manutención, convirtiéndola en su amante; Ella y su hermano rentaron una casa ya que el señor no podía llevársela a vivir con él, por ser casado, y así mantuvo una relación, donde al brindar su tiempo y cariño recibía beneficios monetarios, para seguir subsistiendo. Hasta que el hombre en cuestión perdió el interés poco a poco hacia ella y tuvo que buscar otras formas de subsistir.
Y junto a su hermano emprendieron un negocio de venta de cerveza, a la corta edad de 20 años ya había viajado hasta Estados Unidos trabajando en las labores del campo, y también estuvo por la Ciudad de México, sin encontrar algo que le llenara su existencia.
Así que comenta que el siguiente paso para ella fue proseguir con su negocio de venta de cerveza, que era el ambiente donde se sentía cómoda y ahí conoció múltiples amores, la mayoría de ellos casados pero que le brindaban apoyo económico y anímicamente.
Narra que la vida de diversión también llega a un punto de hartazgo, y que en ese transcurso conoció al hombre que fue su esposo, que la invito a conocer el rancho donde vivía y de ahí ya no regresó al negocio de la venta del alcohol, ni a tener otros amoríos, con él tuvo un matrimonio de 40 años y formaron una familia con 8 hijos, comenta que en lo que cabe tuvieron una vida plena hasta hace pocos años que el esposo falleció y aún tiene la esperanza a sus 66 años de edad, de encontrar un nuevo compañero con quien vivir el resto de su vida.