«Reseña de lo nuestro, la trova y la música de vara»

Don Pilar Luna

La música es el regalo más grande que nos dio el creador a los seres humanos. Antes de que existieran los instrumentos musicales, las primeras personas que Habitaron este mundo deleitaban sus oídos con las melodías provenientes de la naturaleza, el agua de los ríos y arroyos, la lluvia golpeando las piedras como percusiones, el trinar de las aves y en la voz misma que nos distingue de los demás seres vivos que existen.

La música es infinita, es sin dudarlo el placer más positivo al halcance de todos. Tiene el poder de potencializar y despertar emociones dependiendo su ritmo. Puede traernos recuerdos de alegría y felicidad, anhelos, esperanzas, pero también de tristeza, desilusiones, enojo y sufrimiento, la música es la mejor amiga de la humanidad, es compañía absoluta y nos brinda consuelo y reconforta a lo largo de nuestra existencia.

Nadie llega a un acuerdo de cuantos géneros musicales existen realmente en la actualidad, enuncian que son 14, de los cuales derivan subgéneros, otros registros afirman que los más populares son 30 y muchos más se atreven a confirmar que son más de 2500 géneros de música en el mundo entero, de los cuales no conocemos o tenemos la menor idea.

De lo que si existe certeza y fortuna es que en nuestra región potosina en conjunto con territorios hermanos, vieron nacer y florecer el género musical más alegre que existe, que es huapango, conocido también por quienes somos oriundos de estas regiones como música arribeña o de vara.

El huapango nació en las llanuras de la huasteca que se extiende por Tamaulipas, San Luis Potosí, Veracruz, Hidalgo y alcanza también a el estado de Puebla y Querétaro, esto desde los tiempos de la conquista que datan aproximadamente del año 1492 a 1525 en el auge del mestizaje. Entre milpas y parcelas llego la influencia de música, cantos y bailes españoles andaluces, traídos por poblaciones gitanas y flamencas con teatros ambulantes donde realizaban sus bailes distintivos por ser fogosos y pintorescos sobre tablados.

De esta forma se fue gestando una mezcla llamada fandango que conocemos en la actualidad como huapango, parece ser derivada del vocablo náhuatl “cuauhpanco”, de cuahuitl que significa leño de madera o árbol, y pan, es decir es un juego de palabras que entendemos en la actualidad como música y baile sobre un tablado o tarima.

La magia escénica e impresionante organización de improvisar un escenario de la nada de los nuevos conquistadores culturales, gesto una mezcla única, con la fama de cantores y bailadores que tenían los campesinos de las nuevas tierras, demostraron que no solo eran buenos para arar y cultivar las tierras o criar y pastorear animales de granja, sino que en ellos habitaba un corazón virtuoso; Tomaron ritmos de la guitarra española y la elegancia del violín y transformaron los sonidos ya conocidos, dándoles una mayor algarabía, picardía, poesía, trova y un alma nueva, un sentido y movimiento totalmente distinto.

Esta cultura mestiza forjo las huapangueadas callejeras, que no son más que fiestas huastecas en todo su esplendor que siguen vigentes hasta el día de hoy en pueblos muy conocidos en nuestra región como lo son Xilitla, San luis Potosí, donde cada domingo al medio día en la plaza principal la música de huapango es ejecutada sin tecnicismos específicos, en estos eventos sobresalen la trova y las décimas, que son manifestaciones improvisadas.

En nuestro territorio en específico que abarca de Rioverde, Cd Fernández, San ciro de Acosta, hasta llegar a Guanajuato y Querétaro, el son arribeño o huapango arribeño es el equivalente a la huapangueada de otros lugares hermanos, solo que esta combina el huapango con jarabes, que sobresale por ser música con alto contenido de alegría y galantería, que al llegar a los oídos de las personas nace en ellos de forma espontánea bailar el zapateado, y el canto contiene poesía decimal, trova y valonas, que son canciones con contenido inteligente donde cuentan historias de amor o criticas de contenido social y político principalmente; Las rimas avanzan conforme a la inteligencia, pero sobre todo astucia del trovador y el conocimiento que tiene sobre los temas de cultura general.

El son arribeño es una forma de huapango muy compleja ya que los músicos que han dedicado su vida a este género interpretado con violín, guitarra huapanguera y una jarana o vihuela, con sus ejecuciones proyectan alegría, movimiento, baile, coquetería y hasta picardía y de forma alterna también interpretan el son divino como nadie, esta música es distinguida por ser todo lo contrario a lo anterior mencionado, es tranquila y calmada, la base de su ritmo es de minuete, el minuete en la música o arte en general significa elegante y majestuoso.

Este son arribeño llamado divino o de alabanza, es un canto respetuoso y apacible, dedicado a Dios, a la virgen, algún santo o también usado en velorios y sepelios para despedir a los seres queridos, esta música no se baila en ninguna de sus expresiones, ya que al contrario de la trova esta evoca sentimientos de solemnidad.

Nuestra tierra potosina vio nacer importantes exponentes de la música de huapango arribeño a lo largo de la historia como lo fueron el Señor Félix González López, Los hermanos Guillen, Don Bartolo y Don Miterio originarios del ejido “Puestecitos”, así como Don Antonio Escalante Hinojosa, Francisco Berrones, Antonio García, Eugenio Villanueva entre muchos más, ya fallecidos, pero que dejaron un legado histórico y sobre todo cultural por sus aportaciones musicales y poéticas.

Algunas de estos virtuosos nacidos a principios del siglo XX siguen entre nosotros, uno de ellos es Don Pilar Luna destacado musico violinista, que dedico 55 años de su existencia a la interpretación del huapango por todos los rincones de México junto a su grupo conocido simplemente como “Los arribeños”.

En palabras propias cuenta que tuvo la fortuna de tocar al lado de puros músicos buenos, de forma modesta y en tono bromista dice: -yo no era muy bueno tocando el violín, pero como andaba entre grandes músicos, yo ahí entre la bola tenía suerte y también salía a relucir-.

Algunas figuras de las más representativas del son arribeño vigentes en la actualidad con quienes tuvo fortuna de codearse Don Pilar, son los famosos trovadores Guillermo Velázquez y el Dr. Chessani que han dado a conocer este género por variados rincones del mundo; Él señor Pilar Luna es originario de “Bagres de arriba” comunidad perteneciente al municipio de Rioverde, cuenta en la actualidad con la edad de 86 años, dejo la música de forma activa hace 10 años por problemas de salud, ya que padece diabetes, precisamente a causa de esta enfermedad le han amputado la pierna izquierda, pero sus manos, mente y corazón están intactos, y siente orgullo de haber podido compartir con infinidad de gente este hermoso y tradicional estilo musical que es el huapango arribeño.

Como la mayoría de los músicos de este género tan especial el don de la música no es herencia que venga de familia como nos da a saber el señor Pilar, expresa que el gusto y curiosidad de tocar el violín, a él le nació ya de adolescente cuando andaba entre las parcelas al lado de su padre trabajando, y un señor ya de edad avanzada llamado Ovidio Flores, andaba por ahí tocando en el campo llevando la música de huapango con su violín a los trabajadores de la pizca de chile, para distraerlos y hacerles menos pesado el arduo trabajo bajo el sol.

Tenía 15 años y ya estaba casado, sus actividades y obligaciones de trabajo en el campo las realizaba de forma cabal, pero confirma que la inquietud hacia la música se apodero de sus pensamientos y cada que tenía oportunidad iba visitar al musico del pueblo, a pesar que su padre y esposa eran opositores completamente de esta actividad ya que tenían la creencia que la música no era un trabajo o una virtud, sino todo lo contrario tenían la idea que los músicos eran personas sin oficio y parranderas.

No paso mucho tiempo cuando hubo oportunidad y al ver su padre, el gusto y terquedad hacia el son arribeño del Señor Pilar, le dijo al señor Ovidio, que andaba tocando entre las parcelas de manera recurrente, que le prestara el violín a su hijo y le pidió que le tocara una pieza de su gusto, el padre de Don Pilar quedo impresionado y con un tono poco usado de alegría genuina y orgullo le dijo -¡Qué bonito te salió canijo!-.

A partir de ese día el dedicó sus días a tomar clases de violín y practicar con su vecino, quien también le regalo su primer violín. Expresa que la primera vez que tocaron juntos la música de vara fue en un velorio y les pagaron 3 pesos quedándose con $1.50 cada uno, y la gente no se durmió en toda la noche escuchándolos.

Otra figura muy importante para el señor Pilar en su vida a través la música, fue el virtuoso trovador y musico Eugenio Villanueva oriundo de San Ciro de Acosta, quien fue a tocar alguna vez a su comunidad y lo invito a trabajar con él, y ofreció su ayuda para seguirlo preparando en pro de la música, ya que vio que el tenía esa virtud especial al tocar el violín.

A este personaje antes mencionado Don Pilar le da una importancia histórica única, ya que le patenta las valonas en el huapango arribeño de nuestra región en particular, que son los versos con sentido del humor ácido, y referido a situaciones de origen erótico y preocupaciones sociales.

La anécdota que recuerda dio lugar a estas decimas tan particulares, Don Eugenio y el mismo, junto con otros compañeros músicos, estaban en la cocina en la casa de un amigo tomándose unas cervezas y descansando, después de haber tenido un día arduo de trabajo. Este amigo de ellos tenia una esposa muy dedicada y aunque llegara muy de madrugada se levantaba atender a su marido y ofrecerle que cenar o algo de beber; pues en esa ocasión ella no se percató que todos estaban en la cocina y dio la casualidad que su esposo salió un momento al sanitario y antes de llegar siquiera a la puerta de donde ellos estaban,  pregunto que si le ofrecía algo de cenar… y quien en forma de broma le respondió fue don Eugenio, que sí, le cocinara, que moría de hambre pero que como tenían visitas que matara y cocinara un pollo o bueno mejor dos porque estaban muy chiquillos. Fue una gran sorpresa de la señora y su marido encontrarse fuera de la cocina con tal confusión, porque el le pregunto qué hacía a esas horas pelando pollos y ella le respondió que el mismo se lo había pedido. Y a partir de esta anécdota tan confusa y divertida en las siguientes bravatas ellos incluyeron las valonas a su son tan colorido de por sí.

Una de las enseñanzas muy curiosas que nos comparte Don Pilar es que los buenos músicos que traen ese fuego particular y van innovando, no solo en este género tradicional de nuestra tierra sino en el universo musical, son los que nacen en viernes o sábado según las lenguas del mundo del arte en el que le toco desenvolverse y dedico prácticamente toda su vida.

No difiero del todo con su pensamiento, es bien sabido que los músicos nacen con un talento innato y especial en su ser, pero para llegar a ser buenos en cualquier actividad o carrera la receta es la misma y se parece mucho a la jardinería. Para asegurarnos que nuestra profesión, carrera, oficio llegue a tener éxito, necesitamos semillas de buena calidad (preparación mental), mucho sol (conocimiento y habilidad), lluvia (acción física, ósea practica y mas practica) y un buen fertilizante (un mentor).

En lo que, si concuerdo al cien por ciento con la eminencia en el violín que es Don Pilar Luna, es que no debemos dejar perder la tradición que representa la música arribeña en nuestro entorno, ya que sigue viva, pero en la actualidad no está siendo difundida, precisamente aquí en nuestro territorio que abarca la zona media y no es reconocida por las nuevas generaciones.

Espero de corazón que esta sencilla redacción sirva para que los padres platiquemos con nuestros hijos pequeños sobre la música tradicional que acompaño en su vida a nuestros padres, abuelos y antepasados más lejanos, por los cuales estamos en este mundo el día de hoy.

Para nosotros decir música arribeña es explicarnos que es un conjunto de sonidos músico-literarios, por la exigencia que pide al artista la ejecución de un instrumento y habilidad de improvisación, pero para la gente grande es simplemente música.

Esta herencia musical y artística tiene una importancia invaluable, porque es realizada y llevada a cabo por nuestra gente con tradición campesina y debemos sentir un orgullo inmenso cada vez que lo pronunciemos.

Redacción de Xóchitl Morales Castro

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