
Peregrinar significa viajar a un lugar especial y muy importante, considerado santo y sagrado, a este viaje tan singular se le dio este nombre único porque no cualquiera podemos vivirlo, sentirlo y apreciarlo, hay que ser verdaderos fieles y creyentes de algo consagrado y sublime que nos brinda fe y fuerza espiritual.
Desde hace de más de 100 años existe en nuestra región la tradición vigente de cientos de fieles a la Virgen de Guadalupe, el peregrinar por días, que en casos se vuelven semanas hacia el “Santuario de Nuestra Señora de Torrecitas” ubicado en el corazón de la sierra de Santa María del Río, municipio ubicado al sur del centro de San Luis Potosí.
Promesas puras de fe y agradecimiento son el motivo del arduo recorrido a pie por caminos empedrados, cerros, e inclemencias del clima, con la única enmienda de llegar a coronar con flores de azahares, a la madre de todos los mexicanos como conocemos a nuestra virgen de Guadalupe, quienes heredamos por generaciones la religión católica como forma de conectarnos con nuestro creador.
En nuestro entorno existen grupos que albergan en cada una de sus comunidades estandartes antiguos, con un valor religioso invaluable para los habitantes que son fieles a la fe católica, estas banderas de la virgen son el símbolo que los acompaña en la travesía rumbo al santuario famoso por todo el mundo antes mencionado, ya que ahí apareció nuestra madre guadalupana plasmada en una roca inmensa incrustada literalmente en el costado de un cerro.
Podemos indagar la historia sobre la aparicion de la virgen Maria en esta peña ubicada en las aridas sierras cerca del pueblo «San Jose de Alburqueque», con nuestros antepasados y cualquier persona que haya pisado territorio potosino, sabemos la leyenda que data desde 1771. Cuentan que la descubrio un caporal que andaba por el cerro buscando una vaca perdida, se quedo dormido y entre sueños escuchaba su nombre que provenia de donde esta ubicada la imagen de nuestra señora inmaculada.
Las lenguas hablan que trataron de moverla de lugar, un soldado trato de romper la piedra con dinamita, otros lo atribuyen a un cura que corto este mineral tan duro con una barrena, que era un taladro antiguo, y lo logro, el problema fue que el pedazo de roca separado no contenia la imagen, sino que la virgen se mantuvo plasmada y fiel a la fraccion de piedra quedada en ese lugar.
Pronto corrio la noticia del milagro, y esta imagen de las historias es la misma que fue y es venerada en tiempos antiguos hasta dia de hoy, por personas de todos los estratos sociales, pero que comparten la misma devocion y amor hacia la Guadalupana.
Existe un grupo muy importante de devotos en nuestra region se auto nombran la hermandad de “Las banderas del Oriente”, son una caravana de fieles de distintos municipios y comunidades, integradas por Cerritos, Santo Domingo, La Gavia, Puestecitos, Granjenal, Progreso y Villa Juárez, ellos mantienen vigente esta tradición milenaria del peregrinaje.
Los estandartes están resguardos por celadores, que son personas respetables en su entorno social, elegidos por la gente que integra el grupo religioso al que pertenecen. Su enmienda no solo es cuidar y vigilar la bandera que los representa, su responsabilidad es mucho más grande. Entre las actividades que ellos llevan a cabo es incentivar a las personas a seguir teniendo fe en la Virgen Madre de Dios, en quienes podemos apoyarnos de manera espiritual en momentos difíciles que se presentan en la vida, en casos que muchas veces como seres humanos no nos sentimos capaces de resolver y salir adelante, como puede ser una enfermedad grave o perdida de un ser querido, los cuidadores llevan ese mensaje de consuelo, que teniendo fe y pidiéndole misericordia de corazón la virgencita puede ayudarnos a salir adelante.
El celador al momento de llevarse a cabo la larga caminata, tiene que ser una figura de autoridad para el grupo y resguardarlo en lo posible, sobre todo apoyar de forma anímica a quienes en especial van cumpliendo una manda, que significa haber pedido un favor especial a la virgen como lo es aliviar a un familiar enfermo, a cambio de visitarla cada año, o realizar el peregrinaje con los pies descalzos y en algunos casos hasta de rodillas.
El señor Matías Díaz es el celador que cuida del estandarte que representa el ejido de “Puestecitos”, comunidad hermana de “Cruz del mezquite” y “Arroyo Hondo”, cuenta de viva voz lo enriquecedora que ha sido seguir por generaciones esta tradición heredada por sus antepasados y que con añoranza le gustaría que las nuevas tengan oportunidad de también experimentarla.
Don Matías tiene la edad de 87 años, él es celador del estandarte Guadalupano que representa su ejido desde que tenía 20 años de edad.
Cuenta que esta bandera proviene del municipio de “Cárdenas”, una pareja de edad mayor junto con una cantidad considerable de feligreses a principios del mes de diciembre, desde los años de 1940 que el alcanza a recordar, ya iban peregrinando desde su lugar de origen rumbo a el Santuario de Torrecitas, hacían parada de una noche en “Puestecitos” ya que les quedaba de pasada, ahí descansaban un poco y tomaban aliento para proseguir con su larga travesía. Esto sucedía desde que él era un niño muy pequeño, recuerda, al pasar de los años forjaron la costumbre de esperar a los peregrinos cardenenses para brindarles una mano amiga a su paso y ahí, en ese trascurso se fueron sumando más personas que compartían la fe y devoción hacia la virgen, formándose un grupo más numeroso de fieles.
Comenta que hubo tiempos de gran fervor ya el grupo era numeroso, pero de a poco la cantidad de peregrinos fue siendo menos. Los amos del estandarte decidieron darle un nuevo hogar en “Puestecitos” cuando su avanzada edad ya no les daba las fuerzas para realizar el recorrido que les llevaba alrededor de 3 semanas de caminata para visitar a la Virgen Morena.
Entre risas un poco penosas dice que él era muy joven cuando le pasaron la batuta de cuidar de la bandera guadalupana, 20 años cumplidos y tenía un poco de miedo de esta responsabilidad, pero ya estaba casado, y era padre de familia y convencido de inculcarles la fe a sus propios hijos e incentivado por el sacerdote que los recibía cada año en el templo, con gusto tomo la responsabilidad dispuesta por Dios mismo, comenta.
De las anécdotas más presentes en la memoria de Don Matías es la que paso hace dos años, relativamente muy reciente, pero que toca hondo su sentir ya que este fue el ultimo viaje realizado por él, por que tiempo después tuvo un accidente de trabajo, él se dedicaba a cuidar animales de campo, y un toro lo embistió provocándole una fractura en su tobillo de la que aun no puede recuperarse del todo hasta el día de hoy. Este último peregrinaje en el 2018 comenta que el grupo ya era muy reducido, formado por personas en su mayoría de edad avanzada como el, pero relucía una señora de edad media que iba a pagar una manda con sus pies descalzos, ya que la madre de ella sufrió un accidente en el que quedo muy grave con esperanzas medicas casi nulas de seguir con vida, no recuerda el nombre solo que era maestra y que le conto como le pidió a la virgencita que por favor sanara a su madre, y se lo concedió.
Cuenta que más allá de ser su deber como celador guiar por el camino a las personas de su grupo es ayudarlas alivianarles un poco su carga, para que puedan cumplir esas promesas y agradecimientos a la Virgen, también reitera que la gente que habitan en los pueblos por donde pasa la caravana ya los esperan, y los animan a no declinar y no los dejan seguir su camino sin mínimo ofrecerles un café calientito, que para ellos es un detalle muy grande y agradecen de sobremanera.
Recae en los hombros del señor Matías el temor de que se pierda esta tradición del peregrinaje y costumbres buenas de dar gracias por la vida que tenemos.
Gente adulta, personas mayores, jóvenes, adolecentes, niños y todos los que somos católicos o espirituales, o cual sea la religión de cada quien podemos tomar esta invitación, de buscar la manera de renovar nuestra fe, muchos ni siquiera sabemos que significa esta pequeña pero inmesa palabra.
La fe es la esperanza, optimismo y creencia personal de que existe un ser superior, un Dios, o alma que nos guía por el camino del bien. Solo que la mayoría de nosotros estamos ocupados, día tras día, minuto a minuto, que la chispa de nuestro corazón ha quedado casi extinta en un punto que no podemos encontrar a Dios, o felicidad, satisfaccion, plenitud o alma en lo que hacemos.
El peregrinar es un ejemplo tal vez muy extremo para algunos o la mayoría de las personas en el mundo, de ser agradecidos o de pedir con fervor algo muy anhelado como lo es en su mayoría el bienestar de los seres queridos.
Pero podemos empezar con acciones simples como al despertar agradecer por la luz del día, por estar sanos, tener comida sobre la mesa y una lista mas de bendiciones que nos rodean.